martes, agosto 08, 2006

Como bola sin manija

A veces me doy cuenta de que soy muy dispersa. El Norte me falla últimamente. Estoy que quiero todo y nada me viene bien. En este caso en el tema lectura. Estoy repetitiva con el tema, me doy cuenta de que úlitmamamente es recurrente, pero no termino de resolverlo.
Estoy tratando de terminar un paper para el seminario de positivismo y marxismo y me resulta imposible concentrarme y menos mantener la atención de manera sostenida por más de 7 siete minutos. El tema es muy aburrido, pero lo peor es la tarea monótona de leer apunte-leer manual-leer apunte de compañera-componer pachwork legible. Como trabajo final de seminario de doctorado es patético, pero no tengo ganas de romperme la cabeza con 38º a la sombra y que encima me pongan 'aprobado' sin más. Ya me tendré que romper el alma con los trabajos de literatura (mi target para tutor de tesis) y morfología del imperio español (mi apuesta para co-tutor y hopefully una temporadita abroad).
En eso estoy, que me distraigo (ni siquiera puedo ser resolutiva en una maldita entrada del blog), que leo un rato los positivistas, otro los Cahiers (El manchego se compró uno de los tomos de la Bibliothèque de Cahiers du Cinéma), paso a Böll (no logro engancharme con Retrato...). Y doy gracias al cielo de no tener internet en casa, porque sino sería la perdición.
A la noche me voy a dormir con una pila de libros a ver cuál me entretiene o logra mantener mi atención durante los 20 minutos que tardo en que se me cierren los ojos y manoteo la lámpara para apagar la luz.
No sé si es el trabajo, el calor o qué, pero ya no estoy como a los 14 que me quedaba all night long leyendo lo que encontrara en casa (desde clásicos en el mejor de los casos hasta, en el peor novelas malísimas, libros de la biblioteca de Laura circa 1970 o algún hallazgo oculto en el mueble del comedor, estratégicamente fuera del alcance de los niños).
Extraño esos días en los que la voracidad lectora podían más que el cansancio, el hambre o las obligaciones sociales. Extraño meterme en la cama con 6 manzanas ácidas a leer toda la tarde non-stop un libro que me grite que lo termine, para luego sentir ese vacío existencial del que cuesta días recuperarse. o quedarme toda la noche despierta y que Robert me encuentre sin haber pegado un ojo.
La última vez que sentí ese vértigo fue con La Náusea, asi que imagínense cuánto hace que no leo algo matador.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio