miércoles, agosto 23, 2006

Hoy en La Aventura del Hombre: boda en La Mancha

Este fin de semana pasado se casó uno de los amigos de El Manchego. Yo no conocía a los novios, pero estaba invitada al evento, así que partimos raudamente hacia las tierras de mi muchacho a bordo del bólido de uno de sus amigos a las 2:30pm del viernes, ni bien salí de trabajar.
Como no podíamos comer, mi chico me compro unas 'empanadillas' de lo más indigestas, pero como cuando hay hambre no hay pan duro... me comí la mía y la que le tocaba al conductor. Desconsiderada yo? Más bien tendrían que haberme ido a buscar en el Concorde, teniendo en cuenta lo que me estepraba.
Como los felices novios no tienen que trabajar el día de su enlace, les chupa un huevo que los demás se hayan levantado a las 7am para currar, así que nos hicieron ir a la teriminal del pueblo a subirnos a un micro de jubilados para ir a la iglesia que quedaba a 80km del pueblo. La ceremonia duró una hora y media, de las cuales me pase una en un bar q había al lado. Bien por mí, inyectándome cafeína al ver la noche que se me venía. Una vez terminada la ceremonia tuvimos que esperar 40 minutos a que los desconsiderados novios saliran de la iglesia. 40 minutos! No es joda, q me los tuve que chupar al lado de una niña ansiosa q me tiraba arroz en el pelo y en las sandalias. Después de la salida, otra vez al bus del PAMI y de ahí al restaurant donde era la comida. Es decir, otros desconsiderados 45 minutos para los currantes invitados. Una vez que llegamos, nos encontramos con toda la gente en la vereda (más de 400 invitados), comiendo unos patéticos platos de papafritas Pehuamar (ni siquiera calificaban de Lays) y aceitunas. De más esta decir que las más voraces eran las señoras de más de 60. Madre mía, nunca vi a tantas mujeres desesperadas por la comida. Parecía que las habían tenido atadas a agua y cebollas una semana para que se desbocaran cuales yeguas rollizas sobre todos los platos que se les cruzaban. Como no tenía ganas de hacerles el jueguito a los novios desconsiderados entre al restaurant aunque no se podía, me ubiqué estratégicamente y comí jamón hasta que las señoras gordas se avivaron e hicieron avalancha. Después de una hora de entremeses nos sentamos a la mesa, y estuvimos durante 3 horas en la mesa más looser y aburrida de todo el casamiento (me hizo acordar al último casamiento que tuve en LP, q comi y huí de la mesa en la que me habían clavado). Lo malo era que en este caso las 3 horas que duró la comida me las tuve que bancar con una fauna de lo más variopinta. A saber:
- un clon de Loles León sentada al lado mío. Gorda, blanca y rolliza, con un tatuaje en la espalda (q incluía 3 rosas, a lo Adriana Aguirre), con los labios pintados con rouge rojo pasión y peinado de capas circa 1985. Enfundada en un vestido de lycra negro para disimular sus kilos no dejó de gritar en toda la noche y de darse piquitos con el energúmeno e insignificante marido que se echó. Lo más desagradable fue escucharla gritar 'lenguaaaaaaaaaaaaaa' con voz de Wilde o Hudson cada vez que los novios se daban un tímido beso.
- el Tonti. Estudiante de cine, con pocas luces y menos chapas aún, el Tonti se las daba de canchero y no le salía una, pobrecito... en su afán de llamar la atención no dudó en pasarse 30 minutos sentado en la mesa de los novios, monopolizar las conversaciones de la mesa y poner un video de los novios de lo más empalagoso y tontito. Tenía una novia que no se merece ni un párrafo propio de lo que era, con su vestido de lycra negra (se ve que tiene mucha aceptación este material... habrá que avisarle a Walter Barro, que deje de trabajar en la tetera de Coinstitución y se ponga un local en una esquina de La Mancha), chal fucsia con lentejuelas, zapatos naranja nacarado y uñas ídem.
- Barbisuperestar (tan cache que lo de 'Barbie' no se lo merece... más bien era una Cindy Malibú). Pelo platinado con las correspondientes extensiones y raíces, vestido fucsia (color gato por excelencia), uñas nacaradas color rosa bebé, sandalias con plataforma a lo Pradón y mauqillaje que incluía unos ojos achinados entre VeronicaCastrenses y NachaGuevarianos circa 1981.
- los futuros divorciados. Ah, porqu etmabién tuvimos una pareja que se está separando. Él intentaba arrimar el bochín y ella hacía de cuenta de q era el hombre invisible.
- y nosotros. Que no teníamos que ver con nada.
Lo mejor fue que me reí todo el tiempo al ver a la gente, escuchar lo que hablaban y tomando 'notas mentales' de lo que iba a escribir sobre el particular. Vi unos vestidos horrorosos, peinados ochentosos, caras pintadas 'a lo lichi' y desastres varios. pero me reí mucho, porque otra no me quedaba.
La comida un horror pantagruélico de 3 horas, nada pasable, o único que comí con ganas fue el foie y las gambas que sirvieron al principio, después todo un horror. Y la Coca cola no la traían fría, sino con hielo.
Después de la indigesta cena tipo 'esto no es la posguerra porque ahora somos ricos y gordos', nos lanzamos a las pistas esperando un poco de música. Pero no pudo ser, porque el Cantante de Bodas nos arruinó la ocasión. Armado con su Yamaha modelo '80 y su acompañante en los coros cantó canciones de Diego Torres (aún peor que DT si esto es posible), Coti, Julio Iglesias y toco paso dobles para la veterana concurrencia. Cuestión que entre las canciones, la caja de ritmos, el vozarrón del Wedding Singer, las viejas chispadas y bailando como los hipopótamos de Fantasía... casi me da un soponcio.
Lo mejor de la noche vino con la odalisca. Una de las primas de la novia (o algo así) viendo que la noche venía floja para el enganche, se embuchó en el traje violeta de odalisca y se puso a bailar en el mediod e la fiesta. De más está decir que todos los hombres (el mío incluído) se quedaron embobados mirándola. De repente se olvidaron de que querían salir a fumar un cigarrillo, querían ir a l baño o tenían sed. Todos estaban pendientes de la odalisca (que se parecía a Esmeralda Mitre entrada en kilos) y sus sensuales movimientos de panza.

Tampoco faltaron las que se le colgaban a mi novio para saludarlo. Yo yo pintada al óleo porque no conocía a nadie. Una fue el colmo, conmigo al lado le lanzó un descarado 'estás más guapo que cuando estabas en la piscina'. Porque mi chico... era gusrdavidas! Estoy con un Baywatch y yo sin saberlo...!

La tortura terminó a las 3:30, aunque yo hubiera salido a hacer dedo una hora y media antes. Una hora de bondi again y llegamos al pueblo. Me acosté a las 5:30, exactamenten 12 horas después de que comenzara esta maratónica e indigesta experiencia.

Ah, que además de todo, la novia tenía/tiene cara de turra, bien de yegua mnipuladora y malparida, así que el karma que le deseo a esta pareja es que dure tanto como la tortura que nos hicieron vivir en su casamiento.

He dicho.

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