martes, julio 17, 2007

Extremadura (I)

Ya que el amigo Blogger se niega a subir mis fotos, tendré que usar bastante palabrerío para describir algo que difícilmente pueda trasmitirse con estas teclas negras.
Extremadura es rara. Rara, encendida y solitaria. Está entre Madrid y Portugal, pero casi que no se nota. Está, pero casi que nadie sabe que 'está ahí'. Todos pasan, pero nadie se queda. El Manchego estudió en Valladolid (a unos 280km) 10 años y nunca la había visitado, aunque se conoce cada rincón de España. Cuando la gente pregunta dónde estuve y digo 'Extremadura' casi que si digo la Luna provoca lo mismo. Nadie cree que haya mucho para ver. Y qué suerte que se equivocan. Que nadie sepa. Porque no quiero caminar por el casco antiguo de Cáceres tropezándome con bolas rubias o gente en Birkenstocks y medias blancas. O ir por Trujillo y encontrar japoneses haciendo fotos en cada esquina. O un Mc Donald's en Cuacos del Yuste.
Hay gente súper amable. Muchos viejos (los jóvenes emigran indefectiblemente a Madrid o el Levante porque no hay mucho trabajo), monjas y chicos jugando en la calle. Mucha comida rica: Torta del Casar o de la Serena, un queso con la textura de la mozarella derretida, hecho con leche de oveja y un sabor fortísimo; cerezas; rosquitas de azúcar con TRES! dedos de glacée; mermelada de zarzamoras o de higos; jamón de bellota (para los que no saben es el mejor jamón de todos, se deshace en la boca); truchas; migas extremeñas; cochinillo y cabrito. También hay pueblos llenos de casas con portales de piedra que dicen 'año de 1776', 'año de 1693', 'año de 1715'. Para alguien que vivió gran parte de su vida en una ciudad con menos de 130 años es lo más parecido a caminar por un museo.
Y ya del lado de la ñoñez típica de la profesora de historia, ver lo que estudiaste en esas fotocopias horribles de la facultad, como el Teatro Romano (OK, OK, que ya sé que esta reconstruído que se parece poco al original) y ruinas del coliseo de Mérida, castillos por todas partes (hasta dormimos en la torre de uno!), casas de adobe, piedra y madera de más de 250 años; caminar por calzadas romanas y ver el palacio donde murió Carlos V en el Monasterio de Yuste. Todo es Historia. Es así. Y yo me siento tan nada. Tan finita, tan 'yo estoy tres segundos, pero esta ventana está acá y vió todo'.
Y lo mejor es saber que sí, que te gustó, y que querés volver. Y pensar que te gustaría vivir en una de esas casas, arreglarla, llenarla de hortensias azules y comer queso de cabra, jamón y rosquitas todos los días. Porque no somos Heidi, pero queremos encontrarle la vuelta, y si nos ponemos las pilas sabemos que sí.
Que sí.

3 comentarios:

Blogger Rochies ha dicho...

Que lindo relato maggie! zenkiusverimach!
Esa idea frente a la perpetuidad de algunas cosas es algo que me persigue. Ud lo escribio muy lindo, besos

2:34 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Suena como un lugar fantástico... me encantaría ir (sí voy prometo no llevar Birkenstocks ni medias blancas, jaja).

9:01 p. m.  
Blogger Maggie ha dicho...

ES un lugar fantástico. y por suerte poco visitado. y lleno de hortensias azules, malva y fucsia. UN FLIPE.

9:40 a. m.  

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