Joys of teaching*

*© Florence (y yo también tendría que haber exigido un aumento)
Cuando empecé a estudiar historia lo último quería era enseñar en un colegio. Me imaginaba una alegre vida en la academia, lejos de niños, púberes y adolescentes llenos de granos y hormonas. Pero la vida da muchas vueltas y recién recibida me encontré enseñando historia & history en pretencioso colegio bilingüe de los suburbios. Antes que nada, debo aclarar que me parece un despropósito tener a una recién recibida (por más que sea una mooy buena teacher como yo) en un colegio 1) tan caro, y 2) con tantas ínfulas de excelencia académica. Pero bueno, si le pagás una miseria a los supuestos depositarios del saber, ¿qué más podés esperar? Aparte de profesoras recién recibidas que acudían al templo del saber en levi´s y puma azules, poco más.
Así que ahí estaba yo, con mis clases-estimulantes-interesantes-y-desafiantes para las locas cabecitas llenas de msn, rebelde way y barrio privado on a daily basis. El aislamiento no ayudaba mucho, enseñarles sobre historia a una mayoría niños que no habían salido del tupper más que para subir al auto y entrar en otro tupper tenía sus dificultades., pero encaramos la tarea con convicción y bastante esfuerzo.
Uno de mis caballitos de batalla era trabajar historia & history desde lo visual, por lo que pensé que enseñar el arte rupestre *en acción* era una idea mejor que mostrar una lámina, unas diapositivas o figuritas del Billiken (¿sigue existiendo?). Gran Gran Idea, considerando que mis sujetos de aprendizaje eran púberes de 12 y 13 años. El resultado de mi caverna-lista-para-ser-decorada-por-los-hommo sapiens primitivos derivó en una batalla de pintura ocre, negra y amarilla, y un rápido retorno al aula. Después del discurso de profesora-enojada ad hoc, el cuerpo me jugó una mala pasada y lo próximo que se es que a lo lejos, y viendo todo negro, escuchaba “¡Matamos a la de Historia!”. Y ahí estaba yo, en el suelo, el metro ochenta bien desparramado en las baldosas llenas de polvillo de tiza, rodeada de púberes y una preceptora de cada lado. Ese fue mi pico de humillación, no sólo profesional, sino de humillación-en-la-vida. Pero bueno, no se cómo la siguiente clase algo hizo clic en mí y de pasar a estar rodeada de indios (con perdón de las poblaciones originarias americanas), logré que las clases fluyeran, que se interesaran en *algo* de todo lo que veíamos y creo que no hay mejor prueba que tres años después de haber dejado el colegio sigo recibiendo mails de muchos de ellos, casi siempre recordando alguno de los momentos kodak del año: la batalla Micénicos vs. Minóicos que fue antológica, la lista de maldades de los señores feudales me hacía reír sola en casa mientras corregía (hey! que la lucha de clases se sigue enseñando!), por nombrar sólo algunos. Y las cartas que me escribieron a fin de año.
Y nada, que son esas cosas las que me hacen extrañar las clases.


12 comentarios:
Ésto ya asusta. Yo fui profe en un terciario, de informática aplicada al diseño. Muchos de mis alumnos eran mayores que yo. Viajaba todos los fines de semana a dar unas clases imposibles en el interior de Córdoba.
Con el tiempo que llevo acá perdí el contacto con casi todos pero cada tanto aparece alguno por el blog.
Se extraña mucho dar clases... sobre todo por lo que se aprende ¿a que si?
Qué linda anécdota, Maggie. ¿No hacés nada relacionado con la historia, ahora?
Maggie que buena historia! es tan importante generar algo en los chicos... algo lo que sea, pero que reaccionen (al menos eso trato de hacer con mis alumnos).
Después postea lo de las batallas y las maldades feudales, ahora quiero saber por que era tan gracioso.
sostengo que la docencia es lo suyo.No le gustaria dedicarse nuevamente?
Maggie no encontre tu mail para escribirte, pero te aviso por aca que te recomende en el post del BlogDay 2007. una de las consignas era avisarle a tus recomendados. Besos.
Ay, la nostalgia nos esta matando!
Me reí con ganas al imaginarte despatarrada. Imagino los esfuerzos que hacen algunos profesores para motivar aunque sea un poco al alumnado. Difícil. Lo mío nunca fue ni será la docencia, pero admiro esa voluntad y dedicación en los que las tienen.
Saludos! Y a trabajar en el meme...
yo también pasé por el camino de enseñar en colegio bilingue a un grupo de púberes. claro que sólo duré un año.
ay maggie te entiendo! se extraña eso de estar en el aula...
me encanto tu historia.
estoy segura de que eras una excelente profesora.
besotes.
dosdedos: es así. por lo menos yo aprendi mucho. o mejor dicho re-aprendi todo lo q vi en la facultad durante tantos años. y trabajé en el Departamento Paciencia. Y sí. Se extrañan.
Chili: ahora mismo no estoy haciendo nada. El año pasado empece un programa de doctorado y aunq en los seminarios me fue muy bien, este año circunstancias varias me impidieron retomarlo. pero bueno, el proposito de septiembre es volver al camino. y con suerte, volver a dar clases en breve.
anitax: gracias por la visita! si, el tema de la motivación es quizás lo más importante. pero leyendo ayer algo sobre lo que esta pasando en el chaco, ya no se cuales deben ser las prioridades de un profesor...
y el relato que pide ya vendrá.
anónimo: gracias!
anitax (bis): gracias! a ver donde lo veo...
florence: si, el tango me está haciendo mal :D
laura: gracias, si, la verdad es un trabajito.
Respecto del meme, a ver si esta mañana tengo un ratín para hacerlo.
ana: yo duré 9 meses.
uralita: gracias, pero no se si era buena profesora. tenia ganas de hacerlo, lo que (creo) es lo que hace la diferencia. y si, extraño.
La tercera es la vencida. Aca podes ver lo del Blog Day http://www.anaobregon.com.ar.
Besitos
A pesar de los riesgos siempre el feedback profe-alumno es copado.
Obvio con sus miles de matices.
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio