Portugal
En el viaje *nos la pasamos pipa*, muy muy bien. Porto, Lisboa y Sintra increíbles de lindas, el tiempo ayudó mucho y obviamente nuestro guía turístico y showman nos tuvo muy entretenidas y nos enseñó todos los lugares turísticos y no-turísticos.
Primero estuvimos en Porto, todo el sábado de acá para allá: el centro de la ciudad, y las afueras, en la Casa de la Música -un edificio alucinante que parece hecho en origami, Koolhaas, a veces te odio, pero otras te adoro-; la Fundación Serralves -era la casa de un industrial portugués con un jardín enorme que contenía, entre otras cosas, un lago, un campo con animales, una parcela sembrada con girasoles, una huerta, un jardín con aromáticas de todo tipo, un jardín modernista, una casa alucinante estilo racionalista color salmón y, al morir, para no tener que pagar impuestos y mantener todo el circo, la familia armó una fundación, pusieron un edificio genial de Álvaro de Siza que tiene colección permanente y exposiciones temporales. Volvimos otra vez el centro, y mientras Hermana descansaba un rato en el hotel, nosotros salimos a dar una vuelta, por las callecitas del barrio viejo, que es una mezcla de Lisboa muy decadente, Nápoles y Salvador de Bahía. Cruzamos el puente de Eiffel y paseamos por las bodegas, y mientras atardecía nos sentamos en un bar a orillas del Duero para tomar una copa de oporto. Nada, que somos unos bacanes. Cerramos la primera noche cenando en un restaurante diminuto con 4 mesas en la vereda (que como era inclinada tenía una especie de escalones muy ingeniosos donde colocaban las mesas), comimos mucho y tomamos ídem, mientras mirábamos el Duero y el puente de Eiffel. Mención aparte al vino y a la comida, que era increíblemente rica. Durante gran parte del viaje me dediqué a comer bacalao en todas sus formas, y esta vez lo probé con papas, huevo, ajo y aceite, así en plan ‘revuelto’.
Al día siguiente (domingo) fuimos a la playa, en Matosinhos, en tranvía. Caminamos por la costa y fuimos a las piscinas de Leça de Palmeira (un trabajo de finales de los ‘60 de Alvaro de Siza) y la Casa de Chá (más Siza), tomamos sol, unos copetines *salgado* y caminamos de lo lindo, vuelta en tranvía, hicimos tiempo en un café de principios de siglo en el centro y tren a Lisboa. Llegamos a la noche, pero a pesar del chasco del departamento que alquilamos (el sofá-cama tan publicitado resultó ser un sofá tipo Homero Simpson y el idiota que nos abrió se hizo el canchero y nos publicitaba el engendro como si alguien pudiera dormir ahí, en fin...). Comimos en un lugar chiquito en el Barrio Alto, manejado por un hombre y su mujer, con 8 mesas y un ambiente increíble. La comida genial, el vinho verde riquísimo, y después de darnos un mini vueltín por la zona, nos fuimos a dormir.
El lunes fue mortal-mortal de caminar, subir, bajar, Hermana y El Manchego casi se mueren en un par de cuestas, pero llegamos enteros al final del recorrido; yo como siempre con unas pilas insoportables. Comimos al mediodía en la Casa do Alantejo, un palacete de estilo árabe en el centro de Luisboa, frente a la Plaza del Rossio, muy raro, muy viejo, decadente, y con una cocina *de ángeles, cariño*: me metí entre pecho y espalda un bacalao con espinaca gratinado que me dejó feliz por el resto de la jornada. A la tarde nos acercamos hasta Belém, vimos la Torre, el Monsterio de los Jerónimos, más detalles de la arquitectura en un centro cultural, y probamos los típicos pastéis de Belém, unas tartitas de pastelera gratinadas que eran un manjár de marahás. A la noche Hermana cayó rendida, nosotros dimos un breve vueltín por el barrio alto, tomamos unos y nos fuimos a dormir muy tarde.
El martes fuimos a Sintra en tren, caminamos muchísimo todo el día, subimos al Castelo dos Mouros y al Palacete de Pena, mientras disfrutábamos de los caminitos entre los árboles y veíamos (desde afuera) muchas de las casas de verano de la nobleza portuguesa de principios de siglo XX. Una pena que ya todo estuviera cercado, y convertido en parque temático gracias a la UE y el gobierno local. El Manchego me contó que la primera vez que fue, hace unos 10 años, estaba todo abierto, y podías entrara los jardines de todas las casas. ¿Viva el turismo de masas? En fin, que estuvimos en Sintra buena parte del día, y volvimos a Lisboa por la tarde, para seguir-seguir-seguir caminando, cenamos en un lugar lindo más pescado, más papas, más dulces regionales, todos hechos con los ingredientes típicos de la zona: huevo, leche, harina, almendras, azúcar y miel; algunos llevaban canela.
El miércoles dimos el último paseo durante la mañana, antes de irnos al aeropuerto, ya con mucha nostalgia, porque Lisboa conquistó nuestros corazones y nuestros pies (si digo nuestros estómagos… ¿quedará muy de Gorda?).
Y que conste que les hice masajes de pies a los 2 viajeros que me acompañaron… para que después digan que Ñeña es mala!!!
Otras cosas para destacar además de las vistas, la gente (educadísima), la bebida y la comida: los muchachos estaban muy buenos... había material por doquier!
Nos quedaron algunas cosas pendientes, como ir a escuchar fados, pero claro, como nos hacemos los no-turistas, nos negábamos a ir a cualquier lugar que estuviera mencionado en la guía que llevaba Hermana.
Espero que esta review haya sido satisfactora. Pensé mucho en mi amiga Matute (que estuvo en Lisboa el año pasado y volvió como loca) mientras caminaba por esas callecitas. Y por qué no decirlo: pensé en nuestro Rodo*, y qué habría hecho él por Lisboa. Oh, si, tengo mucho tiempo libre.
* Rodo fue nuestro profesor de Histora General VI en Historia. Hola, mi nombre es Maggie y soy una Nerd.
Primero estuvimos en Porto, todo el sábado de acá para allá: el centro de la ciudad, y las afueras, en la Casa de la Música -un edificio alucinante que parece hecho en origami, Koolhaas, a veces te odio, pero otras te adoro-; la Fundación Serralves -era la casa de un industrial portugués con un jardín enorme que contenía, entre otras cosas, un lago, un campo con animales, una parcela sembrada con girasoles, una huerta, un jardín con aromáticas de todo tipo, un jardín modernista, una casa alucinante estilo racionalista color salmón y, al morir, para no tener que pagar impuestos y mantener todo el circo, la familia armó una fundación, pusieron un edificio genial de Álvaro de Siza que tiene colección permanente y exposiciones temporales. Volvimos otra vez el centro, y mientras Hermana descansaba un rato en el hotel, nosotros salimos a dar una vuelta, por las callecitas del barrio viejo, que es una mezcla de Lisboa muy decadente, Nápoles y Salvador de Bahía. Cruzamos el puente de Eiffel y paseamos por las bodegas, y mientras atardecía nos sentamos en un bar a orillas del Duero para tomar una copa de oporto. Nada, que somos unos bacanes. Cerramos la primera noche cenando en un restaurante diminuto con 4 mesas en la vereda (que como era inclinada tenía una especie de escalones muy ingeniosos donde colocaban las mesas), comimos mucho y tomamos ídem, mientras mirábamos el Duero y el puente de Eiffel. Mención aparte al vino y a la comida, que era increíblemente rica. Durante gran parte del viaje me dediqué a comer bacalao en todas sus formas, y esta vez lo probé con papas, huevo, ajo y aceite, así en plan ‘revuelto’.
Al día siguiente (domingo) fuimos a la playa, en Matosinhos, en tranvía. Caminamos por la costa y fuimos a las piscinas de Leça de Palmeira (un trabajo de finales de los ‘60 de Alvaro de Siza) y la Casa de Chá (más Siza), tomamos sol, unos copetines *salgado* y caminamos de lo lindo, vuelta en tranvía, hicimos tiempo en un café de principios de siglo en el centro y tren a Lisboa. Llegamos a la noche, pero a pesar del chasco del departamento que alquilamos (el sofá-cama tan publicitado resultó ser un sofá tipo Homero Simpson y el idiota que nos abrió se hizo el canchero y nos publicitaba el engendro como si alguien pudiera dormir ahí, en fin...). Comimos en un lugar chiquito en el Barrio Alto, manejado por un hombre y su mujer, con 8 mesas y un ambiente increíble. La comida genial, el vinho verde riquísimo, y después de darnos un mini vueltín por la zona, nos fuimos a dormir.
El lunes fue mortal-mortal de caminar, subir, bajar, Hermana y El Manchego casi se mueren en un par de cuestas, pero llegamos enteros al final del recorrido; yo como siempre con unas pilas insoportables. Comimos al mediodía en la Casa do Alantejo, un palacete de estilo árabe en el centro de Luisboa, frente a la Plaza del Rossio, muy raro, muy viejo, decadente, y con una cocina *de ángeles, cariño*: me metí entre pecho y espalda un bacalao con espinaca gratinado que me dejó feliz por el resto de la jornada. A la tarde nos acercamos hasta Belém, vimos la Torre, el Monsterio de los Jerónimos, más detalles de la arquitectura en un centro cultural, y probamos los típicos pastéis de Belém, unas tartitas de pastelera gratinadas que eran un manjár de marahás. A la noche Hermana cayó rendida, nosotros dimos un breve vueltín por el barrio alto, tomamos unos y nos fuimos a dormir muy tarde.
El martes fuimos a Sintra en tren, caminamos muchísimo todo el día, subimos al Castelo dos Mouros y al Palacete de Pena, mientras disfrutábamos de los caminitos entre los árboles y veíamos (desde afuera) muchas de las casas de verano de la nobleza portuguesa de principios de siglo XX. Una pena que ya todo estuviera cercado, y convertido en parque temático gracias a la UE y el gobierno local. El Manchego me contó que la primera vez que fue, hace unos 10 años, estaba todo abierto, y podías entrara los jardines de todas las casas. ¿Viva el turismo de masas? En fin, que estuvimos en Sintra buena parte del día, y volvimos a Lisboa por la tarde, para seguir-seguir-seguir caminando, cenamos en un lugar lindo más pescado, más papas, más dulces regionales, todos hechos con los ingredientes típicos de la zona: huevo, leche, harina, almendras, azúcar y miel; algunos llevaban canela.
El miércoles dimos el último paseo durante la mañana, antes de irnos al aeropuerto, ya con mucha nostalgia, porque Lisboa conquistó nuestros corazones y nuestros pies (si digo nuestros estómagos… ¿quedará muy de Gorda?).
Y que conste que les hice masajes de pies a los 2 viajeros que me acompañaron… para que después digan que Ñeña es mala!!!
Otras cosas para destacar además de las vistas, la gente (educadísima), la bebida y la comida: los muchachos estaban muy buenos... había material por doquier!
Nos quedaron algunas cosas pendientes, como ir a escuchar fados, pero claro, como nos hacemos los no-turistas, nos negábamos a ir a cualquier lugar que estuviera mencionado en la guía que llevaba Hermana.
Espero que esta review haya sido satisfactora. Pensé mucho en mi amiga Matute (que estuvo en Lisboa el año pasado y volvió como loca) mientras caminaba por esas callecitas. Y por qué no decirlo: pensé en nuestro Rodo*, y qué habría hecho él por Lisboa. Oh, si, tengo mucho tiempo libre.
* Rodo fue nuestro profesor de Histora General VI en Historia. Hola, mi nombre es Maggie y soy una Nerd.


6 comentarios:
a mi me gustaria estudiar como vos, si despues me clavo estas vacaciones!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Suena estupendísimo, sí. Y muy tentador. Yo tengo en "pendientes" darle una segunda oportunidad a Lisboa. La primera fue breve y mal parida. De las bondades generales de Portugal sí pude dar cuenta en una larga y exquisita visita a la zona del Algarve.
Ánimo con el regreso!
Vamos que han estado estupendas las vacaciones, Portugal tiene muchas cosas bonitas y merece la pena darse una vueltecilla por alli.
Según te leia me recordaban a las mias: andar, andar, andar. Yo me he traido una muñeca verde a causa de un tropezón. Ya me fallaban los tobillos del cansancio.
perica: es lo que tienen las recompensas. el viaje de esta semana es un 'premio' de mi chico.
laura: dale una segunda oportunidad a Lisboa -definitivamente. si te decidís y necesitás datos, avisame.
montse: muy muy estupendas. la verdad es que nos quedamos con ganas de más. somos peatones y nos hubiera gustado tener permiso de conducir para alquilar un coche y recorrer un poco los pueblos, pero bueno, por ahora no es posible...
saludos,
Yo vivo en Porto! Justito en la calle Serralves, ahi, a una cuadra de la Fundación!
pompina: qué suerte que tenés!
y de haberlo sabido, cuando salíamos de serralves nos hubiéramos pasado a pedirte un vaso de agua...
saludos,
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