Domingueando
Anoche mientras intercambiábamos domingos al teléfono -Madre cuenta desde allá que hubo favada, festejos para padre, mucho frío, campo por la mañana y rogel para el té; yo retruco acá con mucho sol, calor, piscina, reunión con cuñados y amigos, sobrinos y paella de verduras- pienso que ya no me resulta extraño el calor de junio, la paella debajo de las moreras, los sobrinos pegando alaridos infernales en la pileta. Supongo que uno tiende a cambiar sus rutinas con los años, más aún con un cambio tan drástico. Y al final tampoco sé si siguiera viviendo en la Plata iría los domingos al mediodía a comer asado de Robert. Quizás la reunión semanal se mudaría a la picada del domingo noche, o una cena fuera el viernes, no lo sé.
Pero volviendo del locutorio pensaba que tampoco era infeliz con el cambio, a pesar de mis ohhhhhh... Rogel! al teléfono mientras El Manchego negociaba el camión de mudanzas con el Señor Chicharrín (así firma todas las comunicaciones dentro del locutorio), y mientras hacía una ensalada, preparaba las tostadas para el salmón, buscaba algo frío para tomar, la nostalgia de siempre empezaba a desaparecer, después de escucharlos tan cerca pero tan tan lejos, mi cabeza volvía al modo acá para terminar un domingo genial.
Pero volviendo del locutorio pensaba que tampoco era infeliz con el cambio, a pesar de mis ohhhhhh... Rogel! al teléfono mientras El Manchego negociaba el camión de mudanzas con el Señor Chicharrín (así firma todas las comunicaciones dentro del locutorio), y mientras hacía una ensalada, preparaba las tostadas para el salmón, buscaba algo frío para tomar, la nostalgia de siempre empezaba a desaparecer, después de escucharlos tan cerca pero tan tan lejos, mi cabeza volvía al modo acá para terminar un domingo genial.


5 comentarios:
A mi me pasa: seis años y sumando y todavía cuando empieza a hacer calor, empiezo a pensar en cómo voy a decorar el árbol para la Navidad de este año.
Esta semana que pasó senti, no sé si nostalgia, pero seguro necesidad de rutinas, ritos, tradiciones. Que no logro terminar de construir para mi...
(cerremos con ojitos acuosos y sonrisita para abajo).
a veces quiero pensar que no pasa nada, que ya estoy acostumbrada, pero me pasa algo parecido: la otra noche volviendo de La Huerta le decía a mi chico 'ves? así es la navidad para mí'. y pensaba en qué bueno es festejar al aire libre, estar todos hasta las mil, abajo de los árboles, tomando y charlando (en lugar de estar recluídos comiendo hasta reventar).
y lo mismo me pasa con mi cumpleaños, me niego a seguir festejando en invierno, así que el año que viene cumpliré años el 7 de junio, para hacer el festejo correspondiente: torta de frutillas, falditas cortas y trasnoche afuera.
(si, cerremos los ojitos acuosos y miremos para abajo, esto es un papelón en el curre).
a vos te mata el huso horario maggie, juaaaaaa.
un chitonto para levantar animos. es como una basurita en el ojo, ya se. un dolor cronico, que te deja vivir pero que con la humedad vuelve a joder.
la nostalgia puta.
mi nostalgia tiene formato flash. extraño al escuchar una voz, ver una foto, desear una porción monstruosa de rogel, pero se queda ahí. no soy de cebarme en el recuerdo, todo tiempo pasado fue mejor, la pizza argentina es la mejor, etc. es más, no me relaciono con argentinos en España, no me cabe ese regodeo del recuerdo tanguero ni la crítica a todo lo de acá por el sólo hecho de no estar allá --igual todo bien con quienes necesitan hacerlo, pero no, gracias.
y el uso horario me está matando, cinco horas, dos estaciones, etc. es un quilombo.
beso, Periconcha!
melavolaconchanpú!
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