Palo y a la bolsa (máximo 10 kilos)
Si la burocracia lo permite.
Es en momentos como este que me acuerdo de los Austrias y la burocracia que parieron. Digamos que estoy en el lugar donde nació la muy condenada. Y lo peor es cuando ésta ya se disfraza y con el cuento de la gestión telemática no hay dónde reclamar. Yo quiero una oficina para pelearme, una papeleta para reclamar y un encargado a quien putear. En lugar de eso, la administración del mañana me manda e-mails a los que no puedo responder. Con lo buena en el cuerpo a cuerpo. Es injusto, toda mi guachez se diluye con el teclado y es imposible enviar la miradita de desprecio.
En otros apartados, seguimos con el retiro espiritual. No hay playa, no hay naranjafanta. Me paso muchas horas sola porque necesito ese silencio que sé que en unos días se acaba. No puedo ser de tanto extremo /quiero a todos-no quiero ver a nadie/. Pero sí. Soy muy contradictoria. Si estoy acompañada te organizo el picnic y llevo los chizitos; si estoy sola soy capaz de espantar a todos para pasarme un día entero sin hablar más que lo mínimo y necesario para no pasar por mal educada: Hola, Gracias y Chau.
El Manchego sigue en Hungría, con el encargo de comer mucho goulash y traerme regalos, sino no entra a casa.
Todavía no tengo la lista del viaje, no sé qué llevarme. No puedo planificar equipaje de invierno con 40º a la sombra --y sospecho que acabaré llevando cosas tan poco prácticas como una mini de jean, los 4 pares de bailarinas nuevos, dos vestidos, 10 remeras de manga corta y la megabufanda escocesa que me compré esta mañana. En el trolley. Sí, porque en una de mis tantas iniciativas suicidas, decidí viajar con equipaje de mano. 10 kilos para pasar un mes de invierno.
No, suicida no. P-e-l-o-t-u-d-a.
Es en momentos como este que me acuerdo de los Austrias y la burocracia que parieron. Digamos que estoy en el lugar donde nació la muy condenada. Y lo peor es cuando ésta ya se disfraza y con el cuento de la gestión telemática no hay dónde reclamar. Yo quiero una oficina para pelearme, una papeleta para reclamar y un encargado a quien putear. En lugar de eso, la administración del mañana me manda e-mails a los que no puedo responder. Con lo buena en el cuerpo a cuerpo. Es injusto, toda mi guachez se diluye con el teclado y es imposible enviar la miradita de desprecio.
En otros apartados, seguimos con el retiro espiritual. No hay playa, no hay naranjafanta. Me paso muchas horas sola porque necesito ese silencio que sé que en unos días se acaba. No puedo ser de tanto extremo /quiero a todos-no quiero ver a nadie/. Pero sí. Soy muy contradictoria. Si estoy acompañada te organizo el picnic y llevo los chizitos; si estoy sola soy capaz de espantar a todos para pasarme un día entero sin hablar más que lo mínimo y necesario para no pasar por mal educada: Hola, Gracias y Chau.
El Manchego sigue en Hungría, con el encargo de comer mucho goulash y traerme regalos, sino no entra a casa.
Todavía no tengo la lista del viaje, no sé qué llevarme. No puedo planificar equipaje de invierno con 40º a la sombra --y sospecho que acabaré llevando cosas tan poco prácticas como una mini de jean, los 4 pares de bailarinas nuevos, dos vestidos, 10 remeras de manga corta y la megabufanda escocesa que me compré esta mañana. En el trolley. Sí, porque en una de mis tantas iniciativas suicidas, decidí viajar con equipaje de mano. 10 kilos para pasar un mes de invierno.
No, suicida no. P-e-l-o-t-u-d-a.


1 comentarios:
Estas locaaaaaaaaaaa.
A mi hacer maletas de invierno me pone de mal humor, porque todo abulta mucho, pero mira que en las noticias están dando que en Argentina hay temperaturas glaciales.
Coge la sudadera, la campera y no seas pelotuda.
jajaja
se me han pegado todas las palabras, aunque ya sé que lo de coge no debia haberlo puesto.
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio