Efemérides
Porque es lo único que nos queda en estos días de enero.
Hace tres años llegué a Murcia. Derrotada, después de una mala experiencia en Barna, una semana en el limbo de Castellón, y quince días de sana-sana en casa de mi amiga Francesca (alias mi-hada-madrina, a.k.a. zamarreame-nena).
Entre el avión y La Huerta pasó exactamente un mes. Y al final caí que Juani tenía razón.
Aunque sólo califica de conocido de mucho tiempo, ex amor imposible de una amiga del colegio, amigo de un ex amor imposible mío, y que me ha visto en mis situaciones más patéticas (e.g. en bombacha tomando agua en la mesada de su casa, cortejando a su amigo un sábado a las 5am, saliendo de la habitación a las 8am con cara de yo no fui y atajándome sus ‘esta mañana no me preparaste el desayuno!’ al lado de gente que no debía saber de mis incursiones non sanctas a su piso compartido). Casi una amiga digamos. Y todo esto para decir que unos días antes de irme a Barcelona, me lo encontré en una fiesta y me dio el mejor consejo: El primer mes va a salir todo mal. Todo lo que tenía que salir mal te va a salir peor.Pero no te asustes, que el día 30 las cosas van a empezar a funcionar.
Y el chico tenía razón.
Un poco deprimida y después de tirar la moneda, descartar Bilbao y llamar a uno de los amigos de Juani & mi ex-nada terminé en Murcia. Era el día 30 y estaba jugándome la última carta, que parecía un cuatro de copas más que otra cosa. Y al final el falta envido salió bien. Ese sábado mi amigo C me recogió (ja) en la estación de autobuses. C después me contó que me reconoció por la cara de pánico, porque hasta ese entonces no nos habíamos visto nunca. Me fui a su depto (en obra), esa noche salí con él y su novia, estuvimos en una fiesta y conocí a más gente. Oficialmente empecé a buscar trabajo, aunque no sabía muy bien qué quería hacer. Todo el día sonaba el ¿me quedo? ¿me voy? en mi cabeza y si no me volví loca era porque sabía que tenía que resolver cosas, hacer que los 50 euros que me quedaban en el bolsillo no se acabaran rápido y conseguir la manera de subsistir antes de que La Huerta me tragara. O que tuviera que comprar un pasaje a Madrid con la Visa de Padre, cambiar la fecha del vuelo y pasar el resto del verano en La Plata leyendo Cosmopolitan en la pileta de Lucha, lamentando la aventura fallida (los ahorros de un año de mucho trabajo) y la vuelta al Colegio de Niños Ricos con Tristeza.
Entonces llegó el trabajo, llegó mi amiga Katya y encontré a El Manchego.
Y al final tan mal no salió.
Hace tres años llegué a Murcia. Derrotada, después de una mala experiencia en Barna, una semana en el limbo de Castellón, y quince días de sana-sana en casa de mi amiga Francesca (alias mi-hada-madrina, a.k.a. zamarreame-nena).
Entre el avión y La Huerta pasó exactamente un mes. Y al final caí que Juani tenía razón.
Aunque sólo califica de conocido de mucho tiempo, ex amor imposible de una amiga del colegio, amigo de un ex amor imposible mío, y que me ha visto en mis situaciones más patéticas (e.g. en bombacha tomando agua en la mesada de su casa, cortejando a su amigo un sábado a las 5am, saliendo de la habitación a las 8am con cara de yo no fui y atajándome sus ‘esta mañana no me preparaste el desayuno!’ al lado de gente que no debía saber de mis incursiones non sanctas a su piso compartido). Casi una amiga digamos. Y todo esto para decir que unos días antes de irme a Barcelona, me lo encontré en una fiesta y me dio el mejor consejo: El primer mes va a salir todo mal. Todo lo que tenía que salir mal te va a salir peor.Pero no te asustes, que el día 30 las cosas van a empezar a funcionar.
Y el chico tenía razón.
Un poco deprimida y después de tirar la moneda, descartar Bilbao y llamar a uno de los amigos de Juani & mi ex-nada terminé en Murcia. Era el día 30 y estaba jugándome la última carta, que parecía un cuatro de copas más que otra cosa. Y al final el falta envido salió bien. Ese sábado mi amigo C me recogió (ja) en la estación de autobuses. C después me contó que me reconoció por la cara de pánico, porque hasta ese entonces no nos habíamos visto nunca. Me fui a su depto (en obra), esa noche salí con él y su novia, estuvimos en una fiesta y conocí a más gente. Oficialmente empecé a buscar trabajo, aunque no sabía muy bien qué quería hacer. Todo el día sonaba el ¿me quedo? ¿me voy? en mi cabeza y si no me volví loca era porque sabía que tenía que resolver cosas, hacer que los 50 euros que me quedaban en el bolsillo no se acabaran rápido y conseguir la manera de subsistir antes de que La Huerta me tragara. O que tuviera que comprar un pasaje a Madrid con la Visa de Padre, cambiar la fecha del vuelo y pasar el resto del verano en La Plata leyendo Cosmopolitan en la pileta de Lucha, lamentando la aventura fallida (los ahorros de un año de mucho trabajo) y la vuelta al Colegio de Niños Ricos con Tristeza.
Entonces llegó el trabajo, llegó mi amiga Katya y encontré a El Manchego.
Y al final tan mal no salió.


9 comentarios:
Treinta días de caos antes de tres años bastante buenos no está nada mal no?
Ana: nada mal. Igual estos años estuvieron lejos de ser Calma Chicha.
te salio bien`piba!
ahora quiero saber exactamente como lo conociste al manchego!!!
bien ahí Maggies. Una heroína Ud.
saludos
Apostar, siempre apostar. Aunque parezca que está todo en contra, la actitud de nadar contra corriente siempre acaba dando su rédito. Un cheers to you.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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Perica: salió bien. Lo de El Manchego me lo dejé para hoy.
Maráina: jaja, SuperMaggie! Igual fue inconciencia pura, medio que no caía en lo que estaba pasando. Si lo hubiera pensado dos veces me tomaba el tren y de Atocha me iba directo a Barajas.
Blue: yo nado contra la corriente porque es mi actitud de vida, nada más que por eso. De jodida que soy.
Las vueltas de la vida, que le dicen. Espero capítulo "Cuando Maggie conoció a Manchego".
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