Veredas
Durante 2 semanas no pude dejar de caminar.
Transité veredas rotas, veredas limpias, mojadas, veredas sin baldosas, sin barrer o llenas de pasto.
La primera semana las veredas y ramblas de diagonal 73 me alegraron con sus flores de jacarandá. Me daban ganas de pasar dos veces por los mismos lugares, una vez mirando para arriba, otra mirando abajo. Definitivamente las ganas de finales de noviembre tienen un poco que ver con ese color azul.
Volví a las veredas de calle 6, con tilos en flor y ramas bajas. Tuve que esquivar muchas ramas bajas, más que otras veces -parece que todos tenían razón con eso de que estoy más alta. La primera semana caminé por 6 para ir a comprar libros, tomar el bondi, hacer muchos sociales. Y debo admitir que volví a 6 por las viejas rutinas: colegio, facultad, biblioteca, trabajos, gimnasio, casa amigas, café con Matu. Todos los días me inventaba una tarea, algo que me hiciera atravesar la ciudad por 6. Y eso que la cuadrícula no obliga. Pero.
Hay calles que consciente o inconscientemnete evité: no me acerqué a los lugares que frecuenté en 2004. Supongo que mi mapa ya tiene zonas negras. Camine y coloree: verde para las calles y plazas amigables (6, 1, la placita de 8 y 61 o la de 8 y 43), amarillo para las inevitables (esquina de 6 y 48, diag.74 y 48, Plaza Italia), rojo para las que caminamos contentas (53, 60) y negro para las que oh, no no no (46, 33, 7). También están las categorías gris burocrático, rosa amores, y así al infinito. Con lo que nos gustan las listas y clasificaciones, otro día será.
No deja de ser raro eso de caminar por la ciudad y pensar en los colores de mi mapa.
[El colmo de la ñoñez]
Transité veredas rotas, veredas limpias, mojadas, veredas sin baldosas, sin barrer o llenas de pasto.
La primera semana las veredas y ramblas de diagonal 73 me alegraron con sus flores de jacarandá. Me daban ganas de pasar dos veces por los mismos lugares, una vez mirando para arriba, otra mirando abajo. Definitivamente las ganas de finales de noviembre tienen un poco que ver con ese color azul.
Volví a las veredas de calle 6, con tilos en flor y ramas bajas. Tuve que esquivar muchas ramas bajas, más que otras veces -parece que todos tenían razón con eso de que estoy más alta. La primera semana caminé por 6 para ir a comprar libros, tomar el bondi, hacer muchos sociales. Y debo admitir que volví a 6 por las viejas rutinas: colegio, facultad, biblioteca, trabajos, gimnasio, casa amigas, café con Matu. Todos los días me inventaba una tarea, algo que me hiciera atravesar la ciudad por 6. Y eso que la cuadrícula no obliga. Pero.
Hay calles que consciente o inconscientemnete evité: no me acerqué a los lugares que frecuenté en 2004. Supongo que mi mapa ya tiene zonas negras. Camine y coloree: verde para las calles y plazas amigables (6, 1, la placita de 8 y 61 o la de 8 y 43), amarillo para las inevitables (esquina de 6 y 48, diag.74 y 48, Plaza Italia), rojo para las que caminamos contentas (53, 60) y negro para las que oh, no no no (46, 33, 7). También están las categorías gris burocrático, rosa amores, y así al infinito. Con lo que nos gustan las listas y clasificaciones, otro día será.
No deja de ser raro eso de caminar por la ciudad y pensar en los colores de mi mapa.
[El colmo de la ñoñez]


1 comentarios:
amo las diagonales...que hay en tu ciudad natal y en la mía...
y las flores del jacarandá no te parecen un poco lila más que azul??
Viniste en la mejor época...y son muy diferentes las veredas en la Huerta?
tengo ganas de hablar se ve...
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