Enrarecidos
Combatir el aburrimiento con programas chinos no es buen método.
Nada bueno.
Si a los programas chinos les agregamos tormenta en la playa, un arroz que nos cae pésimo, horas largas, larguísimas y un dejo de agresividad -restos del fin de semana-, terminamos con planteamientos existenciales nocturnos, horas de charla sin objeto, fin ni resultado alguno, frustración y enfado.
La perspectiva de un viaje que no termina de cerrarnos a ninguno de los dos dificulta las cosas. No hay mucho entusiasmo, y eso que tomarnos el buque a nosotros nos gusta más que a un tonto un lápiz... pero esta vez no. Es raro, no quiero emparanoiarme, pero no puedo dejar de pensar que es señal de que algunas cosas no van bien.
Eso, raro.
Nada bueno.
Si a los programas chinos les agregamos tormenta en la playa, un arroz que nos cae pésimo, horas largas, larguísimas y un dejo de agresividad -restos del fin de semana-, terminamos con planteamientos existenciales nocturnos, horas de charla sin objeto, fin ni resultado alguno, frustración y enfado.
La perspectiva de un viaje que no termina de cerrarnos a ninguno de los dos dificulta las cosas. No hay mucho entusiasmo, y eso que tomarnos el buque a nosotros nos gusta más que a un tonto un lápiz... pero esta vez no. Es raro, no quiero emparanoiarme, pero no puedo dejar de pensar que es señal de que algunas cosas no van bien.
Eso, raro.


2 comentarios:
y al otro día todo cambia.
no?
si, cambia, todo cambia.
menos mal, eh?
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