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Se acabó lo que se daba.
O aterrizamos después de dos meses yirando por ahí.
El tiempo se me fue volando, aunque las que pasaron fueran las vacaciones más largas desde que empecé la facultad (1996). Enero vacaciones, Febrero estudiando.
Al principio no me hallaba, me levantaba al pedo pero temprano. Leía, webeaba, iba a correr y me aburría un poco con tanta libertad. Dos o tres días después ya me despertaba a las mil, me acostaba muy tarde y no tenía ganas de hacer nada. De nada. Apenas si hice dos mochilas decentes para el viaje. Y del 8/7 al 10/8 me despertaba sin acordarme muy bien dónde estaba -aunque eso nunca me torturara demasiado. Vi muchas cosas que jamás pensé que podría, estuve en Grecia (onda, Finley, estuve en Grecia), cuando mis sueños alocados no me llevaban más allá de Chuquisaca (y ahora es al revés, Chuquisaca es el otro lado del mundo), me paré frente al Rejistán de Samarkanda y no me lo creí, comí mucho y caminé más. En algún punto pensaba que esto no podía estar tan bueno, que no podía durar... y al final así fue. Mañana vuelven los madrugones, las 6 horas de sueño (porque soy incapaz de irme a la cama antes de las 12) y los fines de semana laburando porque me gusta. La Boluda.
Eh, que no me quejo. Pero voy a extrañar las siestas.


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