domingo, octubre 07, 2012

Poco a poco hago cosas que nunca... bueno, creo que no.
Que yo no necesitaba  nadie que me ayudara en casa. Hacía la cuenta y me dolía pensar que podía usar esos 120-150€ mensuales en libros, ropa, salidas, viajes. Y al final nunca los gastaba con la conciencia de 'me estoy comprando esta cartera porque este mes limpié como loca y no le pagué a nadie para que lo haga por mí' o 'cinco libros es lo mismo que tres semanas de autosuficiencia', porque la casa era un nido de caranchos 24/7 -culpa, entre otras cosas de mis pocas ganas de seguir discutiendo, peleando o pegando portazos con El Manchego cada fin de semana por el tema orden y limpieza del hogar. Volvimos de México y la casa estuvo dada vuelta TRES semanas más, con mochilas sin deshacer del todo, ropa lavada pero sin ordenar y demás. Me chupaba un huevo que viniera su flia y vieran lo poco dedicada la hogar que resultaba ser su mujercita, porque cada día que volvía de trabajar lo único que quería era a) tomar sol, b) siestear o c) combinar a y b. Aunque también me iba para no ver el caos.
Aunque siempre está la intención de hacer las cosas bien, lo cierto es que  nosotros somos muy de propósitos. Y después de 7 años de convivencia sabemos que los propósitos son fantásticos pero siempre se quedan en eso.
Hasta que este año entre el bochobola, mi cansancio, su curso por las tardes y el horario maratónico de 7am a 9.30pm poco nos costó decidirlo.
Los miércoles llego de trabajar y reviso todo, las cosas quedan OK, no me convence del todo porque sé que YO lo haría mejor, pero claro esto es todas las semanas y el yo limpiador se presenta (con suerte) una vez al mes. Además que llega el sábado y es todo armonía y felicidad porque nadie discute por otra cosa que no sea qué vamos a comer o si él quiere ir a casa de su hermana para enterrarse todo el fin de semana ahí.
Me gustaría que mi casa se pareciera a algo así, medio shabby chic o a la casa de los Eames, pero aim sorri for iú querida, eres profesora con un sueldo que no paran de recortar año a año, un concubino al que le han reducido horario y paga y una vida apunto de revolucionarse en unos meses. Así que me tengo que dejar de pavadas y para de mirar boludeces de decoración que lo único que me van a hacer es convertirme en una maruja obsesionada por sus cortinas, el encanto y el suelo recién fregado. No sé qué me está poniendo tan idiota últimamente. No puedo echarle la culpa a las hormonas por esto también. Será ese síndorme de armar el nido, qué se yo. Aunque vaya nido, porque bichobola no tiene ni habitación, nombre, cuna ni nada similar. Supongo que una vez que me llamen con los resultados de la amniocentesis esta semana (a pesar de que todo pinta que voy a ir por el 8º mes y yo aún sin noticias del hospital) y Madre reciba la orden de empezar a tejer las cosas irán sucediendo. La panza está pero aún no se mueve y yo no caigo, y aunque todos digan que tengo tiempo, yo sigo moviéndome mucho en la cama, tratando de dormir boca abajo, viéndome rara cada mañana, buscando mis abdominales y mi panza chata, y soñando con comprame esos jeans animal print azules talle 38 que la semana pasada ya no me cerraban. Una hueca, vamos.

2 comentarios:

Blogger cronista sentimental ha dicho...

hago esos mismo cálculos. y mi casa es un desorden, un desastre. y bueh...

3:54 p. m.  
Anonymous Laura ha dicho...

Me pasaba lo mismo. Para mí cambió cuando me hice la eco de la semana 20, la vi y supe que estaba todo bien. Eso sumado al movimiento que empezó unas semanas antes. Pero hueca, a lo que vos le llamás así, hasta el final!

7:27 p. m.  

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