viernes, abril 13, 2007

Misceláneas

Vivo en Seattle. Anoche mirando Grey's Anatomy (para disgusto de mi concubino, que ODIA las series pastel que a veces miro) me di cuenta de que acá llueve más que en Seattle. O al menos el Seattle que muestra la serie. Ya no descuelgo las sábanas del tender, que tienen como 3 tormentas encima. Cada vez que las lavo y las cuelgo llueve otra vez. Así no se puede!
Tampoco salir a correr. Y sigo comiendo igual que cuando corría. Huston, we have a big-ass-problem.
Tampoco pintarme las uñas porque no se me secan. Es la humedá.
Ni sonreír. Nadie puede ser feliz con lluvia. Excepto que tengas *todo* el día para leer en la cama. Como pienso hacer mañana si el clima no cambia.
Ayer fue lo peor. Porque tuve comida a la que no tenía ganas de ir. Ni media pila, mirá lo que te digo. Yo, la más sociable y encantadora me negaba a interactuar con ciertos invitados al convite. Porque no. Porque no tengo ganas de ver tu cara de orto, ni que siempre quieras discutir por algo. Y si no hay *algo* te lo inventás. Porque sos así de malparida.
Así que comida (que encima no estaba buena -la comida, digo-), y después caminando a casa antes de la tormenta. Y libro nuevo. Porque sí. A ver cuándo me curo esta bulimia con forma de libro. Ayer Dorothy. Y cuando llegué a casa me esperaba Enrique, que se enojó porque a veces lo cago (un poquito) con Graham, que me hace reír. Y menos mal que acabé con Augusteen, porque estaba tan enganchada con él que hasta El Manchego estaba celoso. Al final con los libros soy medio promiscua. Siempre la paso bien con lo que tengo, pero invariablemente fantaseo '...y si...?'. Pero es difícil de explicar. Y de enteder.
Pero bueno, llegar a casa, mantita roja, sillón y té verde, librito y lápiz negro levantan cualquier tarde.
Todo bien, hasta que El Manchego apareció apestado y tuve que salir corriendo a la farmacia. Y como el barrio es nuevo, y es todo nuevo, me fui a la loma del orrrrto, me empapé con un chaparrón que cayó durante la expedición y cuando volví lo encontré haciéndose el canchero. Maldito niño malcriado.

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