¿De dónde vienes?
Porque a Chili nadie le dice que no.
2004 fue un año bastante malo. Ese verano-otoño se terminó una no-historia, que pelée mucho, pero que no existía más que en mis ganas. Y después de la tormenta hice muchas idioteces: encuentros casuales, resentimiento. En uno de esos momentos de distracción acabé en una fiesta de un estudio de arquitectura (?) en Palermo, y conocí a un flaco que estudiaba diseño industrial, y ahí empezó algo que entre BA y La Plata duró pocas semanas, hasta que él se fue a Barcelona de vacaciones. Las vacaciones se extendieron, los llamados mails nos distrajeron de todo lo malo que pasaba alrededor y así llegamos a noviembre. Invitación de por medio y un '¿estás loca?' de algunas amigas, invertí mis ahorros de un año (de profesora, lo cual no es mucho), me endeudé, y me subí a un avión. Barcelona me recibío fría, mal. Las expectativas de pasarla bien nunca se concretaron, y me preguntaba qué mierda estaba haciendo. Estaba muy triste, desorientada, angustiada. No quería estar ahí, pero sabía que era una oportunidad única para estar en Barna, así que me pasé una semana caminando y tratando de no pensar. La salida fue más abrupta de lo pensado, un 'esto no funciona' me subió a un autobús y partimos al sur, yo y mi valija azul. Pasé navidades en casa de unos amigos de la familia, prácticamente desconocidos. Durante el día leía, escribía, lloraba en la calle, iba a la biblioteca a leer revistas de ciencias sociales (?) y a escribirles mails eternos a mis amigas. El 31 de diciembre dije adiós, gracias, feliz 2005, y me fui a casa de Francesca, una amiga uruguaya que vivía en Benicàssim (una ciudad de la costa ) con su novio. Me recibió genial, alegría pura durante una semana hasta que caí que me quedaban 80€, que algo tenía que hacer. Pero ¿qué? Una mañana me fui a caminar al Desierto de las Palmas, un parque natural de sierras que está al lado del Mediterráneo. Caminé durante horas, sola con mi ruido, hasta que me encontré con un guardabosques. Y ahí nos sentamos y hablamos. Muchas horas. Cuando bajé sabía que quería estar acá, vivir, conocer y pegarme golpes, pero sola. Intenté conseguir trabajo en Benicàssim, pero fue casi imposible (intenten buscar trabajo en Pinamar en junio y después me cuentan), así que llamé a C., un amigo de mi ex-nada (futuro padre con una novia de 3 meses, él que no quería saber nada de compromisos), y me fui a Murcia. En La Huerta me recibió C., que me reconoció por la cara de pánico (nunca nos habíamos visto) y me llevó a casa de su novia, R. Esa noche salí con ellos, la pasé bien, hablamos, me distraje. Conocí gente, conseguí una entrevista de trabajo y dormí en casa de R. El domingo comí con mis padres adoptivos (C. y R.) y a la tarde, después de dibujar un CV mentiroso fuimos al cine, donde nos encontraríamos con un amigo, M. (a.k.a. El Manchego). Cuando llegamos a los Cines Centrofama lo único que vi fue un chico muy lindo, con una bufanda rayada y una sonrisa matadora. Me dio los dos besos de rigor, se presentó y entramos rápido a la sala a ver 'Sólo un beso', de Ken Loach. Después del cine comimos pizza de pasados en la calle, y nos fuimos a un pub, donde M. se sentó al lado mío y nos pasamos horas hablando de historia latinoamericana, libros y Buenos Aires. Esa noche C. y R. querían dormir en el depto donde en teoría yo iba a quedarme, así que M. ofreció una cama extra para la argentina en casa de su hermana, donde estaba viviendo. Así fue como empezó todo, el día que conocí a El Manchego me fui con él. Fuimos 'amigos' durante diez días, y fue cuestión de una semana para dormir juntos todas las noches, hasta que seis meses después nos mudamos.
Muchas veces trato de imaginar cómo sería mi vida si nunca me hubiera animado a venir a España, o si me hubiera vuelto a los diez días. Si El Manchego y yo no nos hubiérmos cruzado... y no lo se. Simplemente no me imagino otra vida que no sea ésta que estoy viviendo, con todo lo bueno y todo lo malo, no me imagino con otra persona, y (créase o no) nunca tuve ganas de desandar el camino. No sé dónde viviremos en uno, tres o veinte años, si tendremos una familia o si todo se acabará en unos meses. Pero cuando estamos comiendo sandwiches de jamón en casa, mientras me toca la nuca cuando estamos en el cine, discutimos sobre política, o bailamos en la puerta del supermercado, me doy cuenta que soy feliz.
2004 fue un año bastante malo. Ese verano-otoño se terminó una no-historia, que pelée mucho, pero que no existía más que en mis ganas. Y después de la tormenta hice muchas idioteces: encuentros casuales, resentimiento. En uno de esos momentos de distracción acabé en una fiesta de un estudio de arquitectura (?) en Palermo, y conocí a un flaco que estudiaba diseño industrial, y ahí empezó algo que entre BA y La Plata duró pocas semanas, hasta que él se fue a Barcelona de vacaciones. Las vacaciones se extendieron, los llamados mails nos distrajeron de todo lo malo que pasaba alrededor y así llegamos a noviembre. Invitación de por medio y un '¿estás loca?' de algunas amigas, invertí mis ahorros de un año (de profesora, lo cual no es mucho), me endeudé, y me subí a un avión. Barcelona me recibío fría, mal. Las expectativas de pasarla bien nunca se concretaron, y me preguntaba qué mierda estaba haciendo. Estaba muy triste, desorientada, angustiada. No quería estar ahí, pero sabía que era una oportunidad única para estar en Barna, así que me pasé una semana caminando y tratando de no pensar. La salida fue más abrupta de lo pensado, un 'esto no funciona' me subió a un autobús y partimos al sur, yo y mi valija azul. Pasé navidades en casa de unos amigos de la familia, prácticamente desconocidos. Durante el día leía, escribía, lloraba en la calle, iba a la biblioteca a leer revistas de ciencias sociales (?) y a escribirles mails eternos a mis amigas. El 31 de diciembre dije adiós, gracias, feliz 2005, y me fui a casa de Francesca, una amiga uruguaya que vivía en Benicàssim (una ciudad de la costa ) con su novio. Me recibió genial, alegría pura durante una semana hasta que caí que me quedaban 80€, que algo tenía que hacer. Pero ¿qué? Una mañana me fui a caminar al Desierto de las Palmas, un parque natural de sierras que está al lado del Mediterráneo. Caminé durante horas, sola con mi ruido, hasta que me encontré con un guardabosques. Y ahí nos sentamos y hablamos. Muchas horas. Cuando bajé sabía que quería estar acá, vivir, conocer y pegarme golpes, pero sola. Intenté conseguir trabajo en Benicàssim, pero fue casi imposible (intenten buscar trabajo en Pinamar en junio y después me cuentan), así que llamé a C., un amigo de mi ex-nada (futuro padre con una novia de 3 meses, él que no quería saber nada de compromisos), y me fui a Murcia. En La Huerta me recibió C., que me reconoció por la cara de pánico (nunca nos habíamos visto) y me llevó a casa de su novia, R. Esa noche salí con ellos, la pasé bien, hablamos, me distraje. Conocí gente, conseguí una entrevista de trabajo y dormí en casa de R. El domingo comí con mis padres adoptivos (C. y R.) y a la tarde, después de dibujar un CV mentiroso fuimos al cine, donde nos encontraríamos con un amigo, M. (a.k.a. El Manchego). Cuando llegamos a los Cines Centrofama lo único que vi fue un chico muy lindo, con una bufanda rayada y una sonrisa matadora. Me dio los dos besos de rigor, se presentó y entramos rápido a la sala a ver 'Sólo un beso', de Ken Loach. Después del cine comimos pizza de pasados en la calle, y nos fuimos a un pub, donde M. se sentó al lado mío y nos pasamos horas hablando de historia latinoamericana, libros y Buenos Aires. Esa noche C. y R. querían dormir en el depto donde en teoría yo iba a quedarme, así que M. ofreció una cama extra para la argentina en casa de su hermana, donde estaba viviendo. Así fue como empezó todo, el día que conocí a El Manchego me fui con él. Fuimos 'amigos' durante diez días, y fue cuestión de una semana para dormir juntos todas las noches, hasta que seis meses después nos mudamos.
Muchas veces trato de imaginar cómo sería mi vida si nunca me hubiera animado a venir a España, o si me hubiera vuelto a los diez días. Si El Manchego y yo no nos hubiérmos cruzado... y no lo se. Simplemente no me imagino otra vida que no sea ésta que estoy viviendo, con todo lo bueno y todo lo malo, no me imagino con otra persona, y (créase o no) nunca tuve ganas de desandar el camino. No sé dónde viviremos en uno, tres o veinte años, si tendremos una familia o si todo se acabará en unos meses. Pero cuando estamos comiendo sandwiches de jamón en casa, mientras me toca la nuca cuando estamos en el cine, discutimos sobre política, o bailamos en la puerta del supermercado, me doy cuenta que soy feliz.


11 comentarios:
ay se me caen lagrimitas. que buen relato maggie. me emocione. me encanta el manchego, pero no lo se explicar. hay algo en sus fotos, en su cara (es mi percepcion claro) que me transmite buena onda, no se, alegria..
ahora che, que huevos nena. tan flaquita y tan fuerte.
Que bonitas son todas las historias de amor, pero me has hecho sufrir un poco con tanta incertidumbre.
:)
Peri: El Manchego no puede ser más lindo. Y a veces me siento re-botona contando tantas cosas, pero es q estoy tan bien que me da ganas de que todos los sepan!
Soy muy naba, lo se.
Y que lo sepas: to know him, is to love him (mis amigos de Argentina lo quieren más que a mí).
Montse: a falta de culebrones... buenos son los blogs!
Danixa: :) (al cubo)
ah no querida, hay que gritarlo a loa cuatro vientos!!!!!!!!!!!!
que para amargarse, tenemos los diarios.
y al final LO UNICO QUE IMPORTA es el amor.
que divina historia maggie, nos la debía hacía rato. Nunca sabremos como hubiera sido, todo lo que en definitiva no fue. Muchas veces me pregunto si habiendo hecho lo que fuese, igual ya estaba escrito el mismo aquí y ahora.
Estas historias me están matando. Me emocioné, en serio.
tal como dice mi tocaya, todas estas historias de amor me matan...ya lo habías contado pero esta vez la escuché diferente.
ME alegro por los dos que se hayan encontrado y copado eso de irse con él el mismo día de haberse conocido!!!!
lindo Maggiesss
soy feliz es algo fuerte de escuchar, y què alegrìa da.
(igual esta historia ya la habia leido creo)
besos
marina
Lindísima la historia, Maggie. A mí también me encanta el Manchego y me imagino que con mi M podríamos juntarnos de a cuatro y charlar durante horas y horas.
Qué grande vos, nena!!!
perica: gritás como si fueras... qué se yo... Valeria Lynch!
rochies: gracias, pero una nuca sabe las vueltas que tiene la vida. Desconfío de la idea de 'estaba escrito', porque como venía perfilado el asunto creo que 'estaba escrito' que me prostituiría gratis, así por amor al arte en LP.
ana wu: a falta de golpes bajos, buenas son las Historias de Gente que Encuentra Gente, como les dice Chili (aunque la que nos ganó a todas fue Perica).
ana: después de tu comentario y el de Marina me di cuenta que ya lo había contado hace unos meses. Como dice mi hermana 'siempre repetitiva'... parezco Mirtha Legrand de Tinayre, viviendo de glorias pasadas.
Maráina: oh gracias, muchas gracias (no hay de queso, nomás de papa).
Cómo va la vida? A ver si al menos se cuenta algo en un comment.
Beso!
Chili: jaja, reunión cumbre. pero a ver cómo engtuso a El Manchego para juntarlo: de dónde nos conocemos? por qué los conozco si nunca les hablé de Uds? y así... ay, tanta mentira me esta complicando la vida. Ayer E.M. me decía que el año que viene quiere ir a NY si-o-sí y yo le dije 'daaale... que tengo ganas d ever a mucha gente!' y el pobre cuando quiso indagar más se quedo esperando mi respuesta (me hice la que estudiaba y no escuchaba, shame shame shame).
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