Fez [II]
Fez agota. No es mala onda decirlo, porque así me sentí al subir al bus, después de dos días medina arriba-medina abajo. Hay gente, y ruido, y muchas cosas que ver. Pero no cosas en plan turístico 'ohh, mira ese palacio' o 'vamos a tal museo'. Creo que en 2 días sólo dejamos la calle para dormir y para comer un couscous espectacular pero que me dejó de cama (todo por muerta de hambre, era una ración para 2 y yo me la comí solita... así quedé).
Ver, ver, ver. Desde los zocos, hasta la gente en la calle, haciendo nada. Supongo que un viaje de dos semanas no es para quejarse, pero en cada lugar donde estuvimos me podría haber quedado fácil una semana. Caminando, leyendo, comiendo, siesteando. Porque el calor obligaba a la siesta y el modo vacaciones también obligaba a bajar un cambio (porque nunca más eso de mis 20s, de levantarme a las 7am para volver rota a las 10pm y nada de parar and smell the roses).
En los zocos podés ver lo que quieras. Lo que quieras. ¿Querés una gallina viva? ¿unos bifes de camello? ¿tatuarte las manos con henna? ¿libros? ¿la camiseta de Messi? ¿o la de Boca? Todo. Está todo. Y si no lo tienen, te lo fabrican en 2 minutos. Pero mi interés no estaba tanto en las cosas que podíamos comprar (que en realidad no compramos nada), sino en todo lo que pódías comer: tortitas con miel, requesón, carne de membrillo, pasteles de todo tipo (hojaldrados, de alemndras, con dátiles, arroz dulce), pinchos de cordero, pan ácimo... dios, qué manera de zampar.
Y caminar, subir, bajar, llegar a Bab Bou Jeloud, subir por la calle del riad, dejarse perder, y tratar de encontrar alguna pista para volver a los zocos. Volver a perderse, dejarse llevar, entrar a todos los callejones. Sin guía, ni mapa, ni la fucking lonelyplanet.
Perderse y no volver. No señor, no es que no quería volver el lunes a trabajar... es que sigo en la medina de Fez y no encuentro la salida!
Ver, ver, ver. Desde los zocos, hasta la gente en la calle, haciendo nada. Supongo que un viaje de dos semanas no es para quejarse, pero en cada lugar donde estuvimos me podría haber quedado fácil una semana. Caminando, leyendo, comiendo, siesteando. Porque el calor obligaba a la siesta y el modo vacaciones también obligaba a bajar un cambio (porque nunca más eso de mis 20s, de levantarme a las 7am para volver rota a las 10pm y nada de parar and smell the roses).
En los zocos podés ver lo que quieras. Lo que quieras. ¿Querés una gallina viva? ¿unos bifes de camello? ¿tatuarte las manos con henna? ¿libros? ¿la camiseta de Messi? ¿o la de Boca? Todo. Está todo. Y si no lo tienen, te lo fabrican en 2 minutos. Pero mi interés no estaba tanto en las cosas que podíamos comprar (que en realidad no compramos nada), sino en todo lo que pódías comer: tortitas con miel, requesón, carne de membrillo, pasteles de todo tipo (hojaldrados, de alemndras, con dátiles, arroz dulce), pinchos de cordero, pan ácimo... dios, qué manera de zampar.
Y caminar, subir, bajar, llegar a Bab Bou Jeloud, subir por la calle del riad, dejarse perder, y tratar de encontrar alguna pista para volver a los zocos. Volver a perderse, dejarse llevar, entrar a todos los callejones. Sin guía, ni mapa, ni la fucking lonelyplanet.
Perderse y no volver. No señor, no es que no quería volver el lunes a trabajar... es que sigo en la medina de Fez y no encuentro la salida!


0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio