sábado, enero 02, 2010

Dos del uno

y 17 minutos.

Después de acabar los días de intensivo manchego-familiar volví a casa. Sola. A estudiar, a trabajar un poco, a leer, a descansar la cabeza. Supongo que para lo único que abriré la boca estos 6 días será para hablar por teléfono (a quien me de ganas de atender), saludar al del kiosco de diarios, saludar a la cajera del super y poco más.
O podría probar ser mudita, pero no confío en mis capacidades al respecto.

Cuestión que volví escuchando 3 veces un disco viejo de Sabina (Mentiras Piadosas). Qué mal. Muy mal. Hace 10 años lo bancaba, pero ahora atrasa tanto que me hace mal. También tenía uno de Calle 54, otro de Dizzy y un tercero de flamenco, pero cuando manejo sola necesito entretenerme con algo, y claramente Sabina era la única opción. Al menos para cantar Cris-cris-cris-tinaaaaaa!

El Manchego se quedó con su madre, sus dos hemanas y sus dos abuelas. Y enfermo.
Ya avisé que si me lo devuelven muy malcriado lo subo en el tren de las 14.19 del sábado 8. Igual soy realista y anticipo que el retorno será tremendo. Por mí que le cocinen todos los días, le planchen las camisas, le hagan nesquik con churros para desayunar y le atiendan sus caprichos, pero en cuanto cruce la puerta del depto que se olvide de eso de amante esposa y ama de casa devota .
Pero pienso que soy la única mujer de su familia que trabaja fuera de casa y sé que estoy frita.

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