Fin de semana salvaje
El viernes nos fuimos con Tomás, Clara y Tomasito a Caravaca de la Cruz, a un hotel rural en el medio del campo. El lugar muy monono-turístico, regenteado por unos suecos que compraron un molino del siglo XVI, lo restauraron y se están llenando de oro.
Cenamos en el comedor, a la luz de las velas, tuvimos paseo a la luz de la luna y miramos las estrellas. Y nos helamos un poco. Por suerte el Sr.Sueco fue a IKEA y se trajo unos fantásticos edredones que me solucionaron el sueño. Pero no mucho, porque EXTRAÑÉ MI ALMOHADA!
El sábado arriba temprano porque Tomasete se levanta a las 8 (si, el pendejo no tiene piedad), desayunamos en nustra cocina y salimos de caminata. Después visitamos el pueblo, hicimos parada técnica por unas tapas, nos encontramos con Luiso & Luisete, compramos torta para los cumpleañeros y chocolate negro con alemndras casero. De lejos el mejor que probe en mucho tiempo (le da mil vueltas al Lindt, lo juro). Y lo devoramos antes de llegar al auto. El Manchego era el que lo llevaba, para que no anden diciendo cosas por ahí.
A la tarde pileta, siestorra, caminata, libros, más amigos, mucha rascada de panza y sobada. A la noche asado manchego/murciano, y se podrán imaginar que terminé comiendo un paty. No hay con qué darle, la carne requemada arriba de las brasas no es lo mío. Después, sesión de juego hecho por Mágica (tablero pintado a mano, tarjetas de preguntas escritas e ideadas por su servidora), pero lo mejor fue el Verdad/Consecuencia. Muchas risas y casi un divorcio de los que festejaban su onomástico.
Nos acostamos tarde, pero no dormí nada bien. Muchos niños por ahí, un sobrino que está pesadito estos últimos días que le quedan de hijo/sobrino/nieto único, pero me las arreglé para no dejar la cama hasta las 11. desayuno, caminata por el río (me llené de arañazos las piernas), más panza al sol, comida (bastante mediocre la cocina del lugar, debo decir), pileta y más sobada. Y de regreso a casita a las 7.30.
Y a sobar en el sofá, que todavía teníamos resto.
Cenamos en el comedor, a la luz de las velas, tuvimos paseo a la luz de la luna y miramos las estrellas. Y nos helamos un poco. Por suerte el Sr.Sueco fue a IKEA y se trajo unos fantásticos edredones que me solucionaron el sueño. Pero no mucho, porque EXTRAÑÉ MI ALMOHADA!
El sábado arriba temprano porque Tomasete se levanta a las 8 (si, el pendejo no tiene piedad), desayunamos en nustra cocina y salimos de caminata. Después visitamos el pueblo, hicimos parada técnica por unas tapas, nos encontramos con Luiso & Luisete, compramos torta para los cumpleañeros y chocolate negro con alemndras casero. De lejos el mejor que probe en mucho tiempo (le da mil vueltas al Lindt, lo juro). Y lo devoramos antes de llegar al auto. El Manchego era el que lo llevaba, para que no anden diciendo cosas por ahí.
A la tarde pileta, siestorra, caminata, libros, más amigos, mucha rascada de panza y sobada. A la noche asado manchego/murciano, y se podrán imaginar que terminé comiendo un paty. No hay con qué darle, la carne requemada arriba de las brasas no es lo mío. Después, sesión de juego hecho por Mágica (tablero pintado a mano, tarjetas de preguntas escritas e ideadas por su servidora), pero lo mejor fue el Verdad/Consecuencia. Muchas risas y casi un divorcio de los que festejaban su onomástico.
Nos acostamos tarde, pero no dormí nada bien. Muchos niños por ahí, un sobrino que está pesadito estos últimos días que le quedan de hijo/sobrino/nieto único, pero me las arreglé para no dejar la cama hasta las 11. desayuno, caminata por el río (me llené de arañazos las piernas), más panza al sol, comida (bastante mediocre la cocina del lugar, debo decir), pileta y más sobada. Y de regreso a casita a las 7.30.
Y a sobar en el sofá, que todavía teníamos resto.


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