jueves, septiembre 13, 2007

En el Roca

Como no me puedo negar a los pedidos de la Sra. YMCA, acá va mi historia sobre rieles:

Si bien ahora viajo en tren cada tanto (sobre todo cuando voy a Madrid, porque La Huerta está pésimamente comunicada con el universo), no hay nada como el tren que unía/ une todavía hoy, aunque más conflictivamente, mi ciudad con BA.

La primera vez que viajé en tren fue en la línea Roca, para ir a BA con mi mamá, mi hermana y mi tía Mabel. Fue un día de muchas emociones, tren, subte, todo nuevo. Nosotros siembre íbamos a BA en auto y el cambio era todo un exotismo por esos días. Al menos para mí, que tendría unos 4 años.
Creo que no volví a subirme a un tren hasta la primavera del ’97, cuando Eric Hobsbawm estuvo en el San Martín y ahí fue la tropa de Humanidades a verlo. Ahí estábamos todos en el Roca, con sus asientos destrozados, vendedores y olores. Y a pesar de las condiciones, el viaje era una fiesta. Hablábamos de la facultad, de política, de historia. Conocí a muchos compañeros con los que nunca había cruzado más que un Hola y reí mucho con mis amigos.
Los dos últimos años que estuve en LP solía viajar a BA en el Roca, y era casi un deporte de riesgo, o de suicida, depende cómo se lo mire. Algunos días me llevaba a alguna charla, otros para hacer algún trámite. O a la biblioteca de Puán a buscar cosas para el grupo de Hegemonía. También fue el escenario de uno de los pocos besos públicos que me dio cierto sujeto. Pero más que nada el Roca se transformaba en mi vía de escape hacia un lugar (BA) en el que me permitía deambular sola, mirar cosas, pensar en nada y escaparme de mi vida. Creo que no me volvería a subir a ese tren, no tanto por un tema de seguridad, sino porque inmediatamente me remite a mis momentos más tristes, más negros, más inseguros, más desorientados. Si bien la idea original del post era contar qué había cambiado en esos años en el único tren en el que viajé en Argentina, me di cuenta que no sólo el tren había cambiado mucho, sino que yo había cambiado mucho más.

7 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Así es, aunque la nostalgia nos pellizque de vez en cuando hay que entender, y aceptar, que uno ha cambiado, y que aunque hoy se repitiera aquella situación o momento nada sería igual.
Saludos a la hortelana.

12:45 p. m.  
Blogger perica ha dicho...

que lindo lo contaste maggie.

1:34 p. m.  
Blogger Florence ha dicho...

Maggie, me saco el sombrero YA porque pudiste escuchar a Hobsbawm.

(y no digo nada sobre lo demas porque es OH SO PERSONAL que nida)

9:01 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

¡Bien Maggie!!! es muy lindo lo que contaste. Espero que sí puedas volver a subir pero para crear nuevos momentos llenos de alegría.
un beso y arriba ese ánimo.

2:17 a. m.  
Blogger Maggie ha dicho...

laura: no soy nostalgiosa, pero definitivamente el Roca trae recuerdos que provocan esa melancolia rara. ni buena ni mala. rara.
saludos desde la huerta!

perica: gracias! es re deforme el post, pero gracias.

maggie: si, ver a E.H. para un estudiante de historia era como ir a escuchar a Le Corbusier para un arquitecto o a Goddard para un cineasta. estuvo buenísimo.

chili: gracias por el comentario y por pasar la posta. el ánimo está arriba-arriba, hoy me voy a madrid a ver a mis hermanas que acuden a la capital en peregrinación desde la plata y pamplona.

8:40 a. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Guau! Esto es lo que yo llamo un post! No, mejor dicho, un Sr. Post.
Cuando vi el título pensé en que seguro yo iba a agregar mi parecer sobre el Roca (que tantas alegrías y broncas me ha dado ultimamente), pero luego de leer lo que acabás de escribir hermanita, esta todo dicho...
Un beso grande!
El Neno

12:22 p. m.  
Blogger asacarra ha dicho...

Que loco!! A mi el Roca me retrotrae a lo mismo (oscuros momentos) pero el viaje era al reves, yo me escapaba a La Plata.
Saludos

9:01 p. m.  

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